jueves, 21 de septiembre de 2017

TEXTO ARISTOTELES





ARISTÓTELES, Ética Nicomáquea, libro VI, “Examen de las virtudes intelectuales”, capítulos 3-5 (trad. J. Pallí Bonet, Madrid, Gredos, 1995, pp. 270-274) 1 . 

3. Enumeración de las virtudes intelectuales. Estudio de la ciencia Empecemos, pues, por el principio y volvamos a hablar de ellas. Establezcamos que las disposiciones por las cuales el alma posee la verdad cuando afirma o niega algo son cinco, a saber, el arte, la ciencia, la prudencia, la sabiduría y el intelecto; pues uno puede engañarse con la suposición y con la opinión. Qué es la ciencia es evidente a partir de ahí -si hemos de hablar con precisión y no dejarnos guiar por semejanzas-: todos creemos que las cosas que conocemos no pueden ser de otra manera; pues las cosas que pueden ser de otra manera, cuando están fuera de nuestra observación, se nos escapa si existen o no. Por consiguiente, lo que es objeto de ciencia es necesario. Luego es eterno, ya que todo lo que es absolutamente necesario es eterno, y lo eterno es ingénito e indestructible. Además, toda ciencia parece ser enseñable, y todo objeto de conocimiento, capaz de ser aprendido. Y todas las enseñanzas parten de lo ya conocido, como decimos también en los Analíticos, unas por inducción y otras por silogismo. La inducción es principio, incluso, de lo universal, mientras que el silogismo parte de lo universal. De ahí que haya principios de los que parte el silogismo que no se alcanzan mediante el silogismo, sino que se obtienen por inducción. Por consiguiente, la ciencia es un modo de ser demostrativo y a esto pueden añadirse las otras circunstancias dadas en los Analíticos; en efecto, cuando uno está convencido de algo y le son conocidos sus principios, sabe científicamente; pues si no los conoce mejor que la conclusión, tendrá ciencia sólo por accidente. Sea, pues, especificada de esta manera la ciencia. 

4. El arte. Entre lo que puede ser de otra manera está lo que se produce y lo que se hace (kai poiêton kai prakton). La producción es distinta de la acción (uno puede convencerse de ello en los tratados exotéricos); de modo que también el modo de ser racional práctico es distinto del modo de ser racional productivo. Por ello, ambas se excluyen recíprocamente, porque ni la acción es producción, ni la producción es acción. Ahora bien, puesto que la construcción es un arte y es un modo de ser racional para la producción, y no hay ningún arte que no sea un modo de ser para la producción, ni modo de ser de esta clase que no sea un arte, serán lo mismo el arte y el modo de ser productivo acompañado de la razón verdadera. Todo arte versa sobre la génesis, y practicar un arte es considerar cómo puede producirse algo de lo que es susceptible tanto de ser como de no ser y cuyo principio está en quien lo produce y no en lo producido. En efecto, no hay arte de cosas que son o llegan a ser por necesidad, ni de cosas que se producen de acuerdo con su naturaleza, pues éstas tienen su principio en sí mismas. Dado que la producción y la acción son diferentes, necesariamente el arte tiene que referirse a la producción y no a la acción. Y, en cierto sentido, ambos, el azar y el arte, tienen el mismo objeto, como dice Agatón: «El arte ama al azar y el azar al arte.» El arte, pues, como queda dicho, es un modo de ser productivo acompañado de razón verdadera, y la falta de arte, por el contrario, un modo de ser productivo acompañado de razón falsa, referidas ambas a los que puede ser de otra manera. 

5. La prudencia En cuanto a la prudencia, podemos llegar a comprender su naturaleza, considerando a qué hombres llamamos prudentes. En efecto, parece propio del hombre prudente el ser capaz de deliberar rectamente sobre lo que es bueno y conveniente para sí mismo, no en un sentido parcial, por ejemplo, para la salud, para la fuerza, sino para vivir bien en general. Una señal de ello es el hecho de que, en un dominio particular, llamamos prudentes a los que, para alcanzar algún bien, razonan adecuadamente, incluso en materias en las que no hay arte. Así, un hombre que delibera rectamente puede ser prudente en términos generales. Pero nadie delibera sobre lo que no puede ser de otra manera, ni sobre lo que no es capaz de hacer. De suerte que si la ciencia va acompañada de demostración, y no puede haber demostración de cosas cuyos principios pueden ser de otra manera (porque todas pueden ser de otra manera), ni tampoco es posible deliberar sobre lo que es necesariamente, la prudencia no podrá ser ni ciencia ni arte: ciencia, porque el objeto de la acción puede variar; arte, porque el género de la acción es distinto del de la producción. Resta, pues, que la prudencia es un modo de ser racional verdadero y práctico, respecto de lo que es bueno y malo para el hombre. Porque el fin de la producción es distinto de ella, pero el de la acción no puede serlo; pues una acción bien hecha es ella misma el fin. Por eso creemos que Pericles y otros como él son prudentes, porque pueden ver lo que es bueno para ellos y para los hombres, y pensamos que ésta es una cualidad propia de los administradores y de los políticos. Y es a causa de esto por lo que añadimos el término «moderación» al de «prudencia», como indicando algo que salvaguarda la prudencia. Y lo que preserva es la clase de juicio citada; porque el placer y el dolor no destruyen ni perturban toda clase de juicio (por ejemplo, si los ángulos del triángulo valen o no dos rectos), sino sólo los que se refieren a la actuación. En efecto, los principios de la acción son el propósito de esta acción; pero para el hombre corrompido por el placer o el dolor, el principio no es manifiesto, y ya no ve la necesidad de elegirlo y hacerlo todo con vistas a tal fin: el vicio destruye el principio. La prudencia, entonces, es por necesidad un modo de ser racional, verdadero y práctico, respecto de lo que es bueno para el hombre. Además, existe una excelencia del arte, pero no de la prudencia, y en el arte el que yerra voluntariamente es preferible, pero en el caso de la prudencia no, como tampoco en el de las virtudes. Está claro, pues, que la prudencia es una virtud y no un arte. Y, siendo dos las partes racionales del alma, la prudencia será la virtud de una de ellas, de la que forma opiniones, pues tanto la opinión como la prudencia tienen por objeto lo que puede ser de otra manera. Pero no es sólo un modo de ser racional, y una señal de ello es que tal modo de ser puede olvidarse, pero la prudencia, no.







1 El comienzo del capítulo 4 del libro VI de la Ética Nicomáquea, según la traducción de Julio Pallí, de editorial Gredos, dice así: “Entre lo que puede ser de otra manera está el objeto producido y la acción que lo produce”. Proponemos como traducción alternativa: “Entre lo que puede ser de otra manera está lo que se produce y lo que se hace (kai poiêton kai prakton)”. El capítulo 5 de dicho libro VI y en la misma traducción acaba de la siguiente manera: “Pero es sólo un modo de ser racional” y debe decir: “pero no es sólo un modo de ser racional”.

EBAU FILOSOFIA JUNIO 2017




EVALUACIÓN DE BACHILLERATO PARA EL ACCESO A LA UNIVERSIDAD 
220 HISTORIA DE LA FILOSOFÍA. JUNIO 2017 
Elija una de las dos opciones siguientes: 

OPCI ÓN A 

Texto. “La cuarta se deduce de la jerarquía de valores que encontramos en las cosas. Pues nos encontramos que la bondad, la veracidad, la nobleza y otros valores se dan en las cosas. En unas más y en otras menos. Pero este más y este menos se dice de las cosas en cuanto que se aproximan más o menos a lo máximo. Así, caliente se dice de aquello que se aproxima más al máximo calor. Hay algo, por tanto, que es muy veraz, muy bueno, muy noble; y, en consecuencia, es el máximo ser; pues las cosas que son sumamente verdaderas, son seres máximos, como se dice en II Metaphys. Como quiera que en cualquier género, lo máximo se convierte en causa de lo que pertenece a tal género -así el fuego, que es el máximo calor, es causa de todos los calores, como se explica en el mismo libro-, del mismo modo hay algo que en todos los seres es causa de su existir, de su bondad, de cualquier otra perfección. Le llamamos Dios. 5) La quinta se deduce a partir del ordenamiento de las cosas. Pues vemos que hay cosas que no tienen conocimiento, como son los cuerpos naturales, y que obran por un fin. Esto se puede comprobar observando cómo siempre o a menudo obran igual para conseguir lo mejor. De donde se deduce que, para alcanzar su objetivo, no obran al azar, sino intencionadamente. Las cosas que no tienen conocimiento no tienden al fin sin ser dirigidas por alguien con conocimiento e inteligencia, como la flecha por el arquero. Por lo tanto, hay alguien inteligente por el que todas las cosas son dirigidas al fin. Le llamamos Dios” (TOMÁS DE AQUINO, Suma de Teología). 

Cuestiones: 

1. Haga un resumen del fragmento anterior indicando el tema o problema principal, las ideas o tesis básicas y el orden lógico en que aparecen (2 puntos). 

2. Desarrolle el siguiente tema: Las vías y su estructura lógica en Tomás de Aquino (3 puntos). 

3. Explicación de dos nociones: Duda y certeza en Descartes (2 puntos).

4. Contextualización. A elegir una entre las dos siguientes (2,5 puntos): 
4.1. Contextualización del pensamiento de Hume en el conjunto de su obra y en, al menos, uno de los siguientes marcos: la historia de la filosofía y/o la época. 
4.2. Contextualización del pensamiento de Kant en el conjunto de su obra y en, al menos, uno de los siguientes marcos: la historia de la filosofía y/o la época. 

5. Preguntas semiabiertas (0,25 puntos cada una): 
5.1. ¿Cuál es para Descartes, el primer principio de la filosofía que buscaba? 
5.2. A elegir una entre las dos siguientes: 
5.2.1. ¿Según Hume, de dónde proceden todas nuestras ideas o percepciones más endebles? 
5.2.2. ¿A qué científico remite Kant como ejemplo de un cambio respecto a la relación entre los “movimientos celestes” y el “espectador”? 


OPCI ÓN B 

Texto 1. “Nosotros partimos de un hecho económico, actual. El obrero es más pobre cuanta más riqueza produce, cuanto más crece su producción en potencia y en volumen. El trabajador se convierte en una mercancía tanto más barata cuantas más mercancías produce. La desvalorización del mundo humano crece en razón directa de la valorización del mundo de las cosas. El trabajo no sólo produce mercancías; se produce también a sí mismo y al obrero como mercancía, y justamente en la proporción en que produce mercancías en general. Este hecho, por lo demás, no expresa sino esto: el objeto que el trabajo produce, su producto, se enfrenta a él como un ser extraño, como un poder independiente del productor. El producto del trabajo es el trabajo que se ha fijado en un objeto, que se ha hecho cosa; el producto es la objetivación del trabajo. La realización del trabajo es su objetivación. Esta realización del trabajo aparece en el estadio de la Economía Política como desrealización del trabajador, la objetivación como pérdida del objeto y servidumbre a él, la apropiación como extrañamiento, como enajenación” (MARX, Manuscritos: economía y filosofía). 

Texto 2. “Se me estará agradecido si condenso un conocimiento tan esencial, tan nuevo, en cuatro tesis: así facilito la comprensión, así provoco la contradicción. Primera tesis. Las razones por las que "este" mundo ha sido calificado de aparente fundamentan, antes bien, su realidad, -otra especie distinta de realidad es absolutamente indemostrable. Segunda tesis. Los signos distintivos que han sido asignados al "ser verdadero" de las cosas son los signos distintivos del no-ser, de la nada, -a base de ponerlo en contradicción con el mundo real es como se ha construido el "mundo verdadero": un mundo aparente de hecho, en cuanto es meramente una ilusión óptico-moral. Tercera tesis. Inventar fábulas acerca de "otro" mundo distinto de éste no tiene sentido, presuponiendo que no domine en nosotros un instinto de calumnia, de empequeñecimiento, de recelo frente a la vida: en este último caso tomamos venganza de la vida con la fantasmagoría de "otra" vida distinta de esta, "mejor" que ésta. Cuarta tesis. Dividir el mundo en un mundo "verdadero" y en un mundo aparente", ya sea al modo del cristianismo, ya sea al modo de Kant (en última instancia, un cristiano alevoso), es únicamente una sugestión de la decadence, - un síntoma de la vida descendente... El hecho de que el artista estime más a la apariencia que la realidad no constituye una objeción contra esta tesis. Pues a la "apariencia" significa aquí la realidad una vez más, sólo que seleccionada, reforzada, corregida... El artista trágico no es un pesimista, - dice precisamente sí incluso a todo lo problemático y terrible, es dionisíaco...” (NIETZSCHE, El crepúsculo de los ídolos). 

Cuestiones: 

1. Haga un resumen de un fragmento, a elegir entre los dos anteriores, indicando el tema o problema principal, las ideas o tesis básicas y el orden lógico en que aparecen (2 puntos). 

2. Desarrolle un tema, a elegir entre los dos siguientes, pero siempre coincidente con el autor del texto seleccionado para el resumen (3 puntos): 
2.1. Comunismo y emancipación en K. Marx. 
2.2. El vitalismo de Nietzsche. 

3. Explicación de dos nociones de Platón: Ascenso al mundo de arriba y el sol (2 puntos) 

4. Contextualización del pensamiento de Tomás de Aquino en el conjunto de su obra y en, al menos, uno de los siguientes marcos: la historia de la filosofía y/o la época (2,5 puntos) 

5. Preguntas semiabiertas (0,25 puntos cada una): 
5.1. ¿Qué tipo de relación tiene en Platón la idea de bien con todo lo recto y bello que hay en todas las cosas? 
5.2. ¿De dónde se deduce en Tomás de Aquino la primera y más clara prueba de la existencia de Dios?




EBAU FILOSOFIA SEPTIEMBRE 2017



EVALUACIÓN DE BACHILLERATO PARA EL ACCESO A LA UNIVERSIDAD
 220 HISTORIA DE LA FILOSOFÍA. SEPTIEMBRE 2017 
Elija una de las dos opciones siguientes: 

OPCIÓN A 
Texto. Y a continuación -seguí-, compara con la siguiente escena el estado en que, con respecto a la educación o a la falta de ella, se halla nuestra naturaleza. Imagina una especie de cavernosa vivienda subterránea provista de una larga entrada, abierta a la luz, que se extiende a lo ancho de toda la caverna, y unos hombres que están en ella desde niños, atados por las piernas y el cuello, de modo que tengan que estarse quietos y mirar únicamente hacia adelante, pues las ligaduras les impiden volver la cabeza; detrás de ellos, la luz de un fuego que arde algo más y en plano superior, y entre el fuego y los encadenados, un camino situado en alto, a lo largo del cual suponte que ha sido construido un tabiquillo parecido a las mamparas que se alzan entre los titiriteros y el público, por encima de las cuales exhiben aquellos sus maravillas. - Ya lo veo -dijo. - Pues bien, ve ahora, a lo largo de esa paredilla, unos hombres que transportan toda clase de objetos, cuya altura sobrepasa la de la pared, y estatuas de hombres o animales hechas de piedra y de madera y de toda clase de materias; entre estos portadores habrá, como es natural, unos que vayan hablando y otros que estén callados. - ¡Qué extraña escena describes -dijo- y qué extraños prisioneros! - Iguales que nosotros -dije-, porque en primer lugar, ¿crees que los que están así han visto otra cosa de sí mismos o de sus compañeros sino las sombras proyectadas por el fuego sobre la parte de la caverna que está frente a ellos? (PLATÓN, La República). 

Cuestiones: 

1. Haga un resumen del fragmento anterior indicando el tema o problema principal, las ideas o tesis básicas y el orden lógico en que aparecen (2 puntos). 

2. Desarrolle el siguiente tema: La teoría de las ideas en Platón (3 puntos) 

3. Explicación de una pareja de nociones, a elegir entre las dos siguientes (2 puntos): 
3.1. Trabajo y extrañamiento en Marx 
3.2. El arte trágico y lo dionisíaco en Nietzsche 

4. Contextualización del pensamiento de Descartes en el conjunto de su obra y en, al menos, uno de los siguientes marcos: la historia de la filosofía y/o la época (2,5 puntos). 

5. Preguntas semiabiertas: 
5.1. ¿Qué “regla general” se sigue en Descartes de que para pensar es preciso ser? (0,25 puntos) 
5.2. A elegir una entre las dos siguientes (0,25 puntos) 
5.2.1. ¿De dónde surge para Hume la idea de Dios como ser infinitamente inteligente, sabio y bueno? 
5.2.2. ¿De qué dos ciencias señala Kant que son ejemplos de una “revolución repentinamente producida”? 


OPCIÓN B 

Texto 1. “Nada puede parecer, a primera vista, más ilimitado que el pensamiento del hombre que no sólo escapa a todo poder y autoridad humanos, sino que ni siquiera está encerrado dentro de los límites de la naturaleza y de la realidad. Formar monstruos y unir formas y apariencias incongruentes, no requiere de la imaginación más esfuerzo que el concebir objetos más naturales y familiares. Y mientras que el cuerpo está confinado a un planeta a lo largo del cual se arrastra con dolor y dificultad, el pensamiento, en un instante, puede transportarnos a las regiones más distantes del universo; o incluso más allá del universo, al caos ilimitado, donde según se cree, la naturaleza se halla en confusión total. Lo que nunca se vio o se ha oído contar, puede, sin embargo, concebirse. Nada está más allá del poder del pensamiento, salvo lo que implica contradicción absoluta. Pero, aunque nuestro pensamiento aparenta poseer esta libertad ilimitada, encontraremos en un examen más detenido que, en realidad, está reducido a límites muy estrechos, y que todo este poder creativo de la mente no viene a ser más que la facultad de mezclar, trasponer, aumentar, o disminuir los materiales suministrados por los sentidos y la experiencia… En resumen, todos los materiales del pensar se derivan de nuestra percepción interna o externa. La mezcla y composición de ésta corresponde sólo a nuestra mente y voluntad. 0, para expresarme en un lenguaje filosófico, todas nuestras ideas, o percepciones más endebles, son copias de nuestras impresiones o percepciones más intensas” (HUME, Investigación sobre el conocimiento humano). 

Texto 2. “La metafísica, conocimiento especulativo de la razón, completamente aislado, que se levanta enteramente por encima de lo que enseña la experiencia, con meros conceptos (no aplicándolos a la intuición, como hacen las matemáticas), donde, por tanto, la razón ha de ser discípula de sí misma, no ha tenido hasta ahora la suerte de poder tomar el camino seguro de la ciencia. Y ello a pesar de ser más antigua que todas las demás y de que seguiría existiendo aunque éstas desaparecieran totalmente en el abismo de una barbarie que lo aniquilara todo. Efectivamente, en la metafísica la razón se atasca continuamente, incluso cuando, hallándose frente a leyes que la experiencia más ordinaria confirma, ella se empeña en conocerlas a priori. Incontables veces hay que volver atrás en la metafísica, ya que se advierte que el camino no conduce a donde se quiere ir. Por lo que toca a la unanimidad de lo que sus partidarios afirman, está aún tan lejos de ser un hecho, que más bien es un campo de batalla realmente destinado, al parecer, a ejercitar las fuerzas propias en un combate donde ninguno de los contendientes ha logrado jamás conquistar el más pequeño terreno ni fundar sobre su victoria una posesión duradera. No hay, pues, duda de que su modo de proceder ha consistido, hasta la fecha, en un mero andar a tientas y, lo que es peor, a base de simples conceptos” (KANT, Crítica de la razón pura). 

 Cuestiones: 
1. Haga un resumen de un fragmento, a elegir entre los dos anteriores, indicando el tema o problema principal, las ideas o tesis básicas y el orden lógico en que aparecen (2 puntos). 

2. Desarrolle un tema, a elegir entre los dos siguientes, pero siempre coincidente con el autor seleccionado para el resumen: 
2.1. La crítica de los conceptos metafísicos en Hume (3 puntos). 2.2. La teoría del conocimiento de Kant (3 puntos). 

3. Explicación de dos nociones: Movimiento y primer motor en Tomás de Aquino (2 puntos) 

4. Contextualización del pensamiento de Platón en el conjunto de su obra y en, al menos, uno de los siguientes marcos: la historia de la filosofía y/o la época (2,5 puntos) 

5. Preguntas semiabiertas (0,25 puntos cada una): 
5.1. En el mito de la caverna de Platón, ¿qué es lo que los prisioneros ven en primer lugar de sí mismos o de sus compañeros? 5.2. ¿Cuál es la forma en que se manifiesta Dios como conclusión de la quinta vía de la demostración de la existencia de Dios en Tomás de Aquino? 


miércoles, 21 de junio de 2017

EXAMEN HISTORIA DE LA FILOSOFÍA NOCTURNO SEPTIEMBRE 2017

CONSISTIRÁ EN UN COMENTARIO DE TEXTO
CON PREGUNTAS SOBRE VARIOS AUTORES

HABRÁ DOS OPCIONES A Y B

OPCIÓN A

1-RESUMEN de Platón o Tomás de Aquino
2-TEMA  de Platón o Tomás de Aquino
3-NOCIONES  de Descartes, Hume (o Kant) o Nietzsche (o Marx)
4-CONTEXTUALIZACIÓN  de Descartes, Hume (o Kant) o Nietzsche (o Marx)


OPCIÓN B

1-RESUMEN  de Descartes, Hume (o Kant) o Nietzsche (o Marx)
2-TEMA  de Descartes, Hume (o Kant) o Nietzsche (o Marx)
3-NOCIONES   de Platón o Tomás de Aquino
4-CONTEXTUALIZACIÓN  de Platón o Tomás de Aquino

Las preguntas 1 y 3 valdrán 2 puntos cada una.
Las preguntas 2 y 4 valdrán 3 puntos cada una.
Las preguntas 1 y 2 se referirán al mismo autor.

INFORMACIÓN ADICIONAL



EXAMEN PSICOLOGIA SEPTIEMBRE 2017

EL EXAMEN CONSISTIRÁ EN
TRES PREGUNTAS DE CADA EVALUACIÓN





miércoles, 31 de mayo de 2017

TEXTO HABERMAS









HABERMAS, J., "Del uso pragmático, ético y moral de la razón práctica",
en Aclaraciones a la ética del discurso (traducción e introducción de M. Jiménez
Redondo), Revista Observaciones Filosóficas

(http://www.observacionesfilosoficas.net/habermastraduc.htm)




II.
Según sea el problema de que se trate, la pregunta “¿qué debo hacer?” cobra,
pues, un significado pragmático, ético o moral. En todos los casos se trata de la
justificación de decisiones entre posibilidades alternativas de acción; pero las tareas
pragmáticas exigen un tipo de acciones distinto, y las correspondientes preguntas un
tipo de respuestas distinto que las preguntas éticas y morales. La ponderación de
fines, orientada por valores, y la ponderación “racional con arreglo a fines” de los
medios disponibles sirven a una decisión racional acerca de cómo hemos de intervenir
en el mundo objetivo para producir un estado de cosas apetecido. En este caso se
trata en lo esencial de clarificar cuestiones empíricas y de cuestiones relativas a
elección racional. El término ad quem del correspondiente discurso pragmático es la
recomendación de una tecnología adecuada o de un programa practicable. Cosa
distinta es la preparación de una decisión valorativa importante que afecta al camino
que vaya a tomarse en la vida. En este caso se trata de la clarificación de la
autocomprensión de un individuo, y de la cuestión clínica de cómo conseguir que mi
vida se logre o no resulte fallida. Términos ad quem del correspondiente discurso
éticoexistencial es un consejo acerca de cómo orientarme correctamente en la vida,
acerca de cómo encauzar mi modo de vida personal. Y otra cosa distinta es, a su vez,
el enjuiciamiento moral de acciones y máximas. Tal enjuiciamiento sirve a la
clarificación de expectativas legítimas de comportamiento en vista de conflictos
interpersonales que perturban la convivencia regulada, a causa de intereses en pugna.
En este caso se trata de la justificación y aplicación de normas que establezcan
derechos mutuos. Términos ad quem del correspondiente discurso prácticomoral es un
entendimiento acerca de la solución correcta de un conflicto en el ámbito de la acción
regulada por normas.

Los usos pragmático, ético y moral de la razón práctica se enderezan, pues,
respectivamente a la obtención de instrucciones de tipo técnico o estratégico, de
consejos clínicos, y de juicios morales. Llamamos razón práctica a la capacidad de
justificar los correspondientes imperativos; según sea la referencia a la acción y el tipo
de decisión que haya de tomarse, no sólo cambia el sentido ilocucionario de “tener
que” o de “deber”, sino también el concepto de la voluntad que en cada caso ha de
dejarse determinar por imperativos racionalmente fundados. El “deber ser” de las
recomendaciones pragmáticas, relativizado en función de fines y valores subjetivos,
está enderezado a la libertad de arbitrio de un sujeto, que toma decisiones inteligentes
sobre la base de actitudes y preferencias de las que ese sujeto parte
contingentemente: la facultad de elección racional no se extiende a los intereses y
orientaciones valorativas mismas, sino que los presupone como dados. El “deber ser”
de los consejos clínicos, sometido y enderezado al telos que representa la vida buena,
tiene como destinatario la aspiración del individuo a su propia autorrealización, es
decir, está dirigido a la capacidad de decisión de un individuo que se resuelve a una
vida auténtica: la capacidad de decisión existencial o de autoelección radical opera
siempre dentro del horizonte de la biografía, de cuyas huellas el individuo puede
aprender quién es él y quién quisiera ser. El “deber ser” categórico de los mandatos
morales está dirigido, finalmente, a la voluntad libre (libre en sentido enfático) de una
persona que actúa conforme a leyes que ella misma se ha impuesto: únicamente esta
voluntad es autónoma en el sentido de que se deja determinar por entero por razones
morales. En el ámbito de validez de la ley moral, a la determinación de la voluntad por
la razón práctica no le vienen trazados límites ni por disposiciones contingentes, ni
tampoco por la biografía e identidad personales. Autónoma sólo puede llamarse a la
voluntad dirigida por razones morales y, por tanto, enteramente racional. De ella han
sido eliminados todos los rasgos heterónomos de la voluntad de arbitrio o de la opción
por una vida singular, mía, auténtica en definitiva. Pero Kant confunde la voluntad
autónoma con la omnipotente; para poder pensarla como la dominante en absoluto
tuvo que situarla en el reino de lo inteligible. Pero en el mundo, como sabemos, la
voluntad autónoma sólo cobra eficacia en la medida en que la fuerza motivacional
dimanante de las buenas razones logre imponerse contra el poder de otras clases de
motivos. Así, en nuestro realista lenguaje cotidiano, a la voluntad correctamente
informada, pero débil, la llamamos “buena” voluntad.

Resumiendo, la razón práctica, según opere bajo el aspecto de lo adecuado o
útil, de lo bueno, o de lo justo, se dirige a la libertad de arbitrio del agente racional con
arreglo a fines, o a la fuerza de decisión del sujeto que trata de realizarse en
autenticidad, o a la voluntad libre del sujeto capaz de juzgar moralmente. Con ello
cambia en cada caso la constelación de razón y voluntad y el concepto mismo de razón
práctica. Pero junto con el sentido de la pregunta “¿qué debo hacer?”, no sólo cambia
de estatus el destinatario, es decir, la voluntad del actor que busca una respuesta, sino
también el informante, es decir, la capacidad de deliberación práctica. Pues, según sea
el aspecto elegido, resultan tres lecturas distintas de la razón práctica que se
complementan mutuamente. Sin embargo, en las tres grandes tradiciones filosóficas
sólo se ha tematizado una de estas lecturas. Para Kant la razón práctica coincide con la
moralidad; sólo en la autonomía se funden en unidad voluntad y razón. Para el
empirismo la razón práctica se agota en su uso pragmático; se reduce en palabras
kantianas, a un empleo de la actividad intelectiva en términos de racionalidad con
arreglo a fines. En la tradición aristotélica la razón práctica asume el papel de una
capacidad de juicio que sirve a aclarar e ilustrar el horizonte biográfico de un ethos
vivido. En cada uno de estos casos se exigen y esperan de la razón práctica
operaciones distintas. Es lo que se muestra en la diversa estructura de los discursos en
que esa razón práctica se mueve.



jueves, 11 de mayo de 2017

TEXTO ORTEGA





ORTEGA Y GASSET, J., El tema de nuestro tiempo, capítulo “La doctrina del
punto de vista” (Madrid, Revista de Occidente-Alianza Editorial, 1981, pp. 144-149; o también en Obras Completas, vol. III. pp. 197-201)

Del texto de Ortega se suprimen los siguientes fragmentos: a) los dos últimos párrafos de la página 146, el segundo acabado en la página 147; b) los dos primeros párrafos de la página 148. Además, la nota a pie de página de Ortega no entra a efectos de exámenes EBAU.

Contraponer la cultura a la vida y reclamar para ésta la plenitud de sus derechos
frente a aquélla no es hacer profesión de fe anticultural. Si se interpreta así lo dicho anteriormente, se practica una perfecta tergiversación. Quedan intactos los valores de cultura; únicamente se niega su exclusivismo. Durante siglos se viene hablando exclusivamente de la necesidad que la vida tiene de la cultura. Sin desvirtuar lo más mínimo esta necesidad, se sostiene aquí que la cultura no necesita menos de la vida. Ambos poderes —el inmanente de lo biológico y el trascendente de la cultura— quedan de esta suerte cara a cara, con iguales títulos, sin supeditación del uno al otro. Este trato leal de ambos permite plantear de una manera clara el problema de sus relaciones y preparar una síntesis más franca y sólida. Por consiguiente, lo dicho hasta aquí es sólo preparación para esa síntesis en que culturalismo y vitalismo, al fundirse, desaparecen.



Recuérdese el comienzo de este estudio. La tradición moderna nos ofrece dos
maneras opuestas de hacer frente a la antinomia entre vida y cultura. Una de ellas, el racionalismo, para salvar la cultura niega todo sentido a la vida. La otra, el relativismo, ensaya la operación inversa: desvanecer el valor objetivo de la cultura para dejar paso a la vida. Ambas soluciones, que a las generaciones anteriores parecían insuficientes, no encuentran eco en nuestra sensibilidad. Una y otra viven a costa de cegueras complementarias. Como nuestro tiempo no padece esas obnubilaciones, como ve con toda claridad el sentido de ambas potencias litigantes, ni se aviene a aceptar que la verdad, que la justicia, que la belleza no existen, ni a olvidarse de que para existir necesitan el soporte de la vitalidad.

Aclaremos este punto concretándonos a la porción mejor definible de la cultura: el conocimiento.

El conocimiento es la adquisición de verdades, y en las verdades se nos manifiesta el universo trascendente (transubjetivo) de la realidad. Las verdades son eternas, únicas e invariables. ¿Cómo es posible su insaculación dentro del sujeto? La respuesta del racionalismo es taxativa: sólo es posible el conocimiento si la realidad puede penetrar en él sin la menor deformación. El sujeto tiene, pues, que ser un medio transparente, sin peculiaridad o color alguno, ayer igual a hoy y a mañana —por tanto, ultravital y extrahistórico. Vida es peculiaridad, cambio, desarrollo; en una palabra: historia.

La respuesta del relativismo no es menos taxativa. El conocimiento es imposible; no hay una realidad trascendente, porque todo sujeto real es un recinto peculiarmente modelado. Al entrar en él la realidad se deformaría, y esta deformación individual sería lo que cada ser tomase por la pretendida realidad.

Es interesante advertir cómo en estos últimos tiempos, sin común acuerdo ni
premeditación, psicología, «biología» y teoría del conocimiento, al revisar los hechos de que ambas actitudes partían, han tenido que rectificarlos, coincidiendo en una nueva manera de plantear la cuestión.

El sujeto, ni es un medio transparente, un «yo puro», idéntico e invariable, ni su
recepción de la realidad produce en ésta deformaciones. Los hechos imponen una
tercera opinión, síntesis ejemplar de ambas. Cuando se interpone un cedazo o retícula en una corriente, deja pasar unas cosas y detiene otras; se dirá que las selecciona, pero no que las deforma. Esta es la función del sujeto, del ser viviente ante la realidad cósmica que le circunda. Ni se deja traspasar sin más ni más por ella, como acontecía al imaginario ente racional creado por las definiciones racionalistas, ni finge él una realidad ilusoria. Su función es claramente selectiva. De la infinitud de los elementos que integran la realidad el individuo, aparato receptor, deja pasar un cierto número de ellos, cuya forma y contenido coinciden con las mallas de su retícula sensible. Las demás cosas —fenómenos, hechos, verdades— quedan fuera ignoradas, no percibidas (...).

Desde distintos puntos de vista, dos hombres miran el mismo paisaje. Sin embargo, no ven lo mismo. La distinta situación hace que el paisaje se organice ante ambos de distinta manera. Lo que para uno ocupa el primer término y acusa con vigor todos sus detalles, para el otro se halla en el último y queda oscuro y borroso. Además, como las cosas puestas unas detrás de otras se ocultan en todo o en parte, cada uno de ellos percibirá porciones del paisaje que al otro no llegan. ¿Tendría sentido que cada cual declarase falso el paisaje ajeno? Evidentemente, no; tan real es el uno como el otro. Pero tampoco tendría sentido que puestos de acuerdo, en vista de no coincidir sus paisajes, los juzgasen ilusorios. Esto supondría que hay un tercer paisaje auténtico, el cual no se halla sometido a las mismas condiciones que los otros dos. Ahora bien, ese paisaje arquetipo no existe ni puede existir. La realidad cósmica es tal, que sólo puede ser vista bajo una determinada perspectiva. La perspectiva en uno de los componentes de la realidad. Lejos de ser su deformación, es su organización. Una realidad que vista
desde cualquier punto resultase siempre idéntica es un concepto absurdo.

Lo que acontece con la visión corpórea se cumple igualmente en todo lo demás.
Todo conocimiento lo es desde un punto de vista determinado. La species aeternitatis, de Spinoza, el punto de vista ubicuo, absoluto, no existe propiamente: es un punto de vista ficticio y abstracto. No dudamos de su utilidad instrumental para ciertos menesteres del conocimiento; pero es preciso no olvidar que desde él no se ve lo real. El punto de vista abstracto sólo proporciona abstracciones (...).

Cada vida es un punto de vista sobre el universo. En rigor, lo que ella ve no lo
puede ver otra. Cada individuo —persona, pueblo, época— es un órgano insustituible para la conquista de la verdad. He aquí cómo ésta, que por sí misma es ajena a las variaciones históricas, adquiere una dimensión vital. Sin el desarrollo, el cambio perpetuo y la inagotable aventura que constituyen la vida, el universo, la omnímoda verdad, quedaría ignorado.

El error inveterado consistía en suponer que la realidad tenía por sí misma, e
independientemente del punto de vista que sobre ella se tomara, una fisonomía propia. Pensando así, claro está, toda visión de ella desde un punto determinado no coincidiría con ese su aspecto absoluto y, por tanto, seria falsa. Pero es el caso que la realidad, como un paisaje, tiene infinitas perspectivas, todas ellas igualmente verídicas y auténticas. La sola perspectiva falsa es esa que pretende ser la única. Dicho de otra manera: lo falso es la utopía, la verdad no localizada, vista desde «lugar ninguno». El utopista —y esto ha sido en esencia el racionalismo— es el que más yerra, porque es el hombre que no se conserva fiel a su punto de vista, que deserta de su puesto. (Nota a pie de página: Desde 1913 expongo en mis cursos universitarios esta doctrina del perspectivismo que en El espectador I (1916) aparece taxativamente formulada. Sobre la magnífica confirmación de esta teoría por Einstein, véase el apéndice II.)

Hasta ahora, la filosofía ha sido siempre utópica. Por eso pretendía cada sistema
valer para todos los tiempos y para todos los hombres. Exenta de la dimensión vital, histórica, perspectivista, hacía una y otra vez vanamente su gesto definitivo. La doctrina del punto de vista exige, en cambio, que dentro del sistema vaya articulada la perspectiva vital de que ha emanado, permitiendo así su articulación con otros sistemas futuros o exóticos. La razón pura tiene que ser sustituida por una razón vital, donde aquélla se localice y adquiera movilidad y fuerza de transformación.